Por ahí del año 2000, cuando Internet era la gran novedad y el «punto com» estaba en boca de todos, mi Tío Adán, en una conversación informal sobre gastronomía local, tuvo la genial ocurrencia de inventar su propia dirección:
«Guajes y topacas punto pom».
Para quien no los conozca, los guajes son vainas con semillas comestibles, muy populares en Tierra Caliente y otras regiones de México. Las topacas, los botones florales del mismo árbol, que también se comen.
Y ambos tienen fama de provocar flatulencias.
Mi Tío Adán había conseguido juntar en cinco palabras dos productos de la gastronomía regional, sus efectos secundarios y la moda tecnológica del momento.
Y todo eso sin ser precisamente un experto en Internet.
Nació en 1932. Perdió a su padre antes de cumplir dos años y, como hermano mayor y «hombre de la casa», tuvo que dejar pronto la escuela para buscarse la vida. Ni sus limitaciones de origen ni su escolaridad trunca le impidieron convertirse en uno de los hombres más inteligentes y creativos que he conocido.
Tenía una facilidad extraordinaria para imaginar proyectos y, algo todavía menos frecuente, para llevarlos a la práctica.
Empezó desde abajo, construyó un negocio propio y, después de perderlo por una decisión desafortunada, tuvo que comenzar de nuevo.
Y lo hizo.
Cambió de actividad, ideó una forma distinta de hacer las cosas y volvió a salir adelante. Una buena muestra de que su talento no dependía de conocer un negocio en particular, sino de su manera de pensar.
Pero reducirlo a su trayectoria profesional sería quedarse con la mitad del personaje.
Mi Tío Adán era de esas personas que tienen muy claro quiénes son y no necesitan aparentar otra cosa. Un hombre de vida y trato sencillos. Se dirigía con la misma naturalidad a los directivos con los que negociaba que a Juanito, el mensajero de su oficina. Y tenía una cualidad que a veces les falta a las personas brillantes: escuchaba de verdad, incluso a quienes teníamos mucho menos experiencia que él.
Era un hombre de ideas, pero también de hechos. De los que se atreven a hacer cosas nuevas sin esperar a que alguien les enseñe el camino o les dé permiso.
Se nos fue, mucho antes de tiempo, en 2001. Aquella ocurrencia, tras causar muchas sonrisas cada vez que afloraba su recuerdo, ahora se convierte, por qué no, en una dirección de Internet de verdad.
Y aquí estamos.
guajesytopacas.pom.mx
No vamos a vender guajes ni topacas. Al menos no está en los planes.
Este será un lugar para exponer ideas, curiosidades, historias, observaciones, fotografías, preguntas y alguna que otra ocurrencia. Sin una temática definida, sin obligación de publicar y sin tomarnos excesivamente en serio.
Porque si algo tenía mi Tío Adán, además de una cabeza extraordinaria, era la capacidad de encontrar posibilidades donde otros no las veían.
Y si de vez en cuando conseguimos hacer algo parecido, aunque sea a nuestra manera, este pequeño homenaje habrá valido la pena.